Escribo estas letras mientras cae la noche. Intento no olvidar. Horas más tardes se asoma el día. Y así día tras día. Nada aparente cambia en la ciudad, pero algo ríe en el aire. Al otro lado del Tiempo hay un nuevo orden musical.
Como cada mañana, antes de que pueda parpadear, escucho a lo lejos un poema sinfónico, y toda aquella gente traslúcida duerme del otro lado de la puerta de la vida. Muchos de ellos me resultan cercanos. Ya han atravesado el mar y también otras tierras. La sombra que dejan en la lejanía es dulce y sosegada. Yo busco en esta vida mi antigua memoria entre los manuales que se amontonan en una esquina de mi vieja estantería de libros . Meses atrás había trenzado mi nombre con mis versos porque temía olvidarlos . Desde hace algún tiempo me siento testigo tardío de aquellas vidas pasadas que he vivido . Aún me queda por recorrer un tramo del territorio del tiempo y me preocupa no recuperar el recuerdo perdido de mi prosa.
Antes, fugitiva de la vida. Ahora, vivo en armonía.
Un vuelo corto hacia toda la vida, hacia todas las vidas.
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