Versiones 2025

Hacia sus soledades se encaminaba.
¡Pobre apasionada!
Aquella tarde olía a menta, cuero y amapolas.
Respiraba ritmo y quietud creyendo que la luz le pertenecía. Y todo se eternizaba.
Sobre su cuerpo se extendía el infinito, y el Caos y el Sino eran sendas sin importancia. El sol de otoño temblaba en esa noche que era sólo para ella.
Siempre fue una forastera en aquellas tierras.
Del otro lado, un interminable remanso de paz.


“Ofelia de Hamlet”, 1852
John Everett Millais

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