En los alrededores del mercado de Covent Garden, sobre un collage de sueños, están los recuerdos a la venta.
No es preciso ilustrar con ejemplos la exquisita belleza que allí se encuentra.
¡No se sorprenda! – me grita alguien mientras me salpica la cara con vino.
Mi admiración es tan sincera y abierta que apenas me atrevo a verbalizarla.
Mis hijos me esperan en el centro del huracán de miradas sin cejar en el empeño hasta en tres ocasiones. Lo peor es que no quiero irme. Y no me voy.
Una señora se acerca y me recuerda que la poesía es una forma de ser. Yo le respondo: Estaría bien recordar y reconocer cuándo un poema se escribe solo, y cuándo el poema pide ayuda al poeta.
Luego hablamos de flores. Y le dije : Mañana veremos la primera flor del alba de abril. La señora, sin nombre, me respondió: ¡Convocaremos, cada año, sin piedad, un encuentro conmemorativo en los matices del amanecer!
Las palabras me salvan de la intemperie de mi mente. Es el sueño que he soñado.
No es preciso ilustrar con ejemplos la exquisita belleza que allí se encuentra.
¡No se sorprenda! – me grita alguien mientras me salpica la cara con vino.
Mi admiración es tan sincera y abierta que apenas me atrevo a verbalizarla.
Mis hijos me esperan en el centro del huracán de miradas sin cejar en el empeño hasta en tres ocasiones. Lo peor es que no quiero irme. Y no me voy.
Una señora se acerca y me recuerda que la poesía es una forma de ser. Yo le respondo: Estaría bien recordar y reconocer cuándo un poema se escribe solo, y cuándo el poema pide ayuda al poeta.
Luego hablamos de flores. Y le dije : Mañana veremos la primera flor del alba de abril. La señora, sin nombre, me respondió: ¡Convocaremos, cada año, sin piedad, un encuentro conmemorativo en los matices del amanecer!
Las palabras me salvan de la intemperie de mi mente. Es el sueño que he soñado.
