Ahora que empiezo de cero…
Una extraña melodía sonaba aquella fría mañana y yo no supe interpretar las señales. Durante esos días mi orgullo se había quedado en los huesos y aún me sobraban motivos para pedir perdón. Por otro lado mi soledad y yo hacía tiempo que no se llevaban bien. A pesar de ello,…
Quién nos iba a decir que en el camino nos íbamos a cruzar. Yo tan confiada y tú tan despistada. Tú con la mirada tan esquiva y yo intentando rescatar mis versos hundidos para no inundarte con palabras cínicas o despiadadas. Sin ti aprendí a escribir poemas inmortales y tú aprendiste a navegar por orillas…
El tiempo nos amenaza. Se nos escapa. La vida más vida nos pide. Mientras, mis ojos cargados de afán buscan desesperados robar más tiempo al tiempo.
Tengo conversaciones con mi alma desde hace más de seiscientos años. He pasado hambre y frío y también me ha sobrado el dinero. He comido, he dormido y he reído. He llorado y he volado. También he amado. He cogido el camino equivocado y he encontrado la salida. O tarde o pronto o nunca, vuelvo…
Podría escribir algo triste porque he sufrido. Podría lamentarme y lamer mis heridas. Pero tengo la opción de cantarle a la vida y es esto lo que elijo porque no he nacido como el toro para el luto.
Pasó volando un recuerdo. El temblor de una piel íntima y los ojos que nos miran en una noche profunda. Soy quien era y quien seré.
En los pretéritos pilares, en las galerías de sonidos. En las formas y en los colores aún existo.
Dos almas inconscientes, silenciosas. Destierro y muerte. Una sonrisa noble y un color rojo, caduco. Hoy, amantes invisibles. Se miraron a los ojos por un instante. Él no sabe que su mano gobierna el destino. Ella ignora que es su prisionera. Cuando se miran de frente, a la velocidad del instinto, no se reconocen. Quizá, cuando…
Fue antes del alba. Nadie estaba a mi lado. Más allá del azar y de la muerte le dije: para ti no tengo palabras. Sólo queda mi boca muda; el eco de una voz que se apagó. Ajeno resulta tu recuerdo en mi memoria. Mas tarde mi corazón dejó de latir. Es el sueño que…
En lugar de darte mi opinión, voy a decirte dos cosas - le contesté al Tiempo -. Una, que prefiero ganar terreno sin avanzar, sin empujar; y otra, que no hay forma posible para que este corazón escape de Ti.
Las lluvias de noviembre anunciaban una tarde lenta y solitaria. La luna cerraba las puertas del atardecer anunciando el final del día. En vano trazaba una línea para establecer el límite. Y aquí, en mi ciudad soñada, bajo la ceniza, escondo aquello que no amo. Regresé en paz de aquel viaje que nunca hice. Lo recuerdo…
Dentro de mí se encienden los corredores de otras vidas que aún transito. He hecho un pacto para estar allí y aquí también. Soy el último eslabón hacia el cual un día acudirás.
